4 de diciembre de 2013

La Primera Vez de Patch y Nora- Capitulo Final





Cogí la almohada y de forma juguetona lo golpeé.

- Eres incansable y creo que después de esta noche mi cuerpo necesita con urgencia cuidados intensivos –puse los ojos en blancos.

Patch se inclinó y me dio un dulce beso en la frente y se puso en pie. El acaloramiento persistía en mi sangre al verlo caminar desnudo sin pudor alguno hacia el baño del dormitorio.

Verlo, era simplemente espectacular. A lo lejos podía percibir la risa en su voz mientras se movía en el servicio.

- En ese caso te dejaré descansar unas pocas horas –apareció en la puerta con una toalla un poco húmeda en las manos. Vestía ahora como única prenda unos pantalones negros–, pero después volveré por ti.

Se sentó a un lado de la cama deteniendo mis manos que en un arranqué de total vergüenza intentaron cubrir mi piel desnuda con la colcha.

- Déjame cuidarte, Nora –sus ojos negros como el azabache resplandecieron.

Con cuidado sus dedos se deslizaron por mi pierna derecha hasta llegar a la unión de mis muslos. Sonrojada hasta la raíz de mi cabello, vi como Patch limpiaba con un extremo de la toalla mojada los restos de nuestra pasión. Sin poder evitar cuando terminó un pequeño mareo al ver caer al suelo aquel trozo de tela con rastros de la perdida de mí virginidad. Esos ojos como la medianoche me calaron.

- Necesitas dormir un poco. Estás agotada.

Las manos de Patch se posaron sobre mis pechos, arqueé la espalda para sentir mejor la presión que sus palmas ejercían sobre mis hinchados pezones. Patch los rozó con la lengua haciéndome jadear con apasionado abandono.

- Como sigas así no creo que pueda… por favor –gemí entregándome a las sensaciones. Las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba.

- Ahora duerme. Tengo en mente algunos planes para después. Puse los ojos en blanco.

- Espero no descubrir está noche todo el Kamasutra”, Patch. Deja algo para… .

- ¿Mañana? –frunció el ceño. – No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, Nora.

Sus ojos relucieron como la obsidiana. Me cubrió con las sábanas de un color tan negro como su mirada. Apoyó su mano en mi mejilla al tiempo que la acariciaba con el pulgar.

- Es mejor pensar en el presente. El pasado queda atrás y el futuro… -resolló con cansancio–… El futuro, ¿quién sabe? Solo quiero quedarme ahora, en estos momentos aquí contigo, y no pensar en nada más. No hoy. Cuando te tengo en mis brazos. En mi cama.
- Después. Quiero descubrir esos planes que tienes en mente –ladeé la cabeza y besé la palma
de su mano.

Su sonrisa se ensanchó. - Después, ángel.

Desapareció justo unos pocos segundos, justo lo necesario para llevar la toalla al baño. A su regreso me hice a un lado de la cama, invitándolo a que se acomodara a mi lado. Se frotó la barbilla y rió socarrón. Se dejó caer por la parte inferior de la cama y gateó con la elegancia de un felino hasta colocarse a mi altura. Sentí el calor de su cuerpo vigoroso y masculino cuando se metió entre la maraña de sabanas. Exhausta, me quedé acurrucada en sus brazos, apoyada sobre su pecho, escuchando el ritmo de su corazón y gozando de la agradable sensación de seguridad de sentirme protegida junto a su cuerpo grande y poderoso. Patch interrumpió el silencio.

- No cambiaría esta noche por nada del mundo –enredaba con suavidad sus dedos en mi cabello, en un gesto amable. Tierno–. Tendríamos que haber hecho esto mucho antes –sus labios se posaron en mi coronilla.

- Mmmm… sí –contesté medio adormilada.

De forma instintiva enceré su muslo con mi pierna, en un gesto posesivo. Patch río por lo bajo. En mi cabeza oí el susurro de su voz. "Duerme, ángel. Yo velaré tus sueños". Me arrimó más sobre su pecho.

 Podía sentir sus manos deslizándose sobre mi piel, deteniéndose con su palma entre la parte baja de mi vientre y el pubis. Todo un antibiótico para la pequeña punzada de dolor que cubría esa zona. Mientras la oscuridad venía a por mí, trasladándome al reino de Morfeo, inhalaba el cálido, masculino olor de su piel.

**********

No sabía cuánto tiempo había pasado. Desperté y estirándome, aún con los ojos cerrados tanteé el colchón. Un colchón… ¿Vacio? Me incorporé de inmediato. Sentada restregué mis ojos para aclarar la visión. Un rayo de luz se abría camino a través del enorme ventanal de la lujosa habitación, dejándome un poco aturdida. Desorientada.

Un ligero dolor en centro de mi cuerpo me hizo de inmediato evocar los recuerdos de las últimas horas. Tragué saliva de manera ruidosa. Patch había cumplido su promesa. Tras descansar un poco, me despertó en medio del sueño, arrancándome la sabana de encima y... ¡Oh, Dios mío!Pude ver y revivir de nuevo a Patch deslizando sus dedos por mi pubis. Separando mis labios vaginales para dejar al descubierto mi clítoris y pasar en numerosas ocasiones su lengua por la palpitante carne de mi sexo.

Jadeaba de manera incontrolada cuando lamió y estimuló. Sentía el roce de su aliento mientras sujetaba con fuerza mis caderas para acercarme aún más a su boca. De la garganta de Patch salía un sonido profundo que no pude descifrar, como si encontrara delicioso mi sabor. Extendí y hundí mis manos en su pelo negro… Cerré los ojos. Recordando como un éxtasis desenfrenado inundó mi cuerpo haciéndome estallar en mil pedazos.

Con la respiración entrecortada, mis recuerdos viajaron al momento que siguió después. El acaloramiento persistía en mi sangre. La imagen cuando tomé con mis labios y lengua su miembro paladeando su sabor. Patch se encargó de enseñarme el camino en todo momento, Con sus manos en mi cabeza me guiaba hasta su erecto pene. Masajeando y tirando de mi cabello marcaba el ritmo, mientras él echaba la cabeza hacia atrás y gemía. Con la punta de su verga en mi boca, jugueteé con mis dientes en su glande, al mismo tiempo que rodeaba firmemente con mi mano, ayudada por la de Patch, su longitud de arriba y abajo, abarcando también sus testículos., lo que hacía que moviera con lentitud sus caderas hacia delante y hacia atrás. Para después... Jadeante y con el pulso acelerado regresé al presente. Abriendo los ojos como platos. Sí. El dormitorio. Pero... Y, ¿Patch?

-¿Patch? –llamé mirando en toda y cada una de la direcciones de aquella habitación. Con el cuerpo tan agotado como si me hubiese pasado por encima una apisonadora hice mi mejor esfuerzo por levantarme de la cama. Envolviéndome en las sabanas como podía, alce un poco más la voz.

-¡¿Patch?! -no hubo respuesta.

Abrí la puerta y recorrí sobretodo lo poco que conocía de la casa. No había rastro de Patch. En medio del umbral de la puerta de la sala recreativa, miré el brillo que la mañana reflejaba en las diferentes tonalidades de las paredes y muebles. Un juego de luces parecía dar el punto de salida a una partida en la mesa de juegos de azar. El sillón...

Mi cuerpo tembló y mi rostro mostraba una delirante expresión de júbilo. Estar con Patch había sido maravilloso. Y ya lo echaba de menos. Mi cuerpo clamaba por él. Por su fuego. Por su pasión. Patch tenía razón. El sexo puede crear adicción. Y mi droga y adicción preferidas eran él.

Aún con una sonrisa dibujada en mi cara me encaminé, de vuelta al dormitorio, y comprobé que mi ropa estaba doblada y ordenada sobre un caro diván. Me acerqué para cogerla y vi que también había una nota. Debía ser de Patch. La tomé y leí el texto.

“Mi ángel. Doy gracias cada día porque conocerte ha sido lo mejor de mi existencia. Me has entregado esta noche el mayor de los regalos. Tener tus besos, caricias y sabor grabados en mi piel será la fuerza que me dé consuelo allá donde voy. Dejarte marchar será la cosa más honesta que haya hecho jamás. Nunca me perdonaría ponerte de nuevo en peligro. Podría decirte que me siento culpable por hacerte mía. Mi mujer. Aún cuando sabía que no existía un mañana para nosotros. Pero no puedo. He sido un maldito egoísta, pero sinceramente… no me arrepiento, y si volviera atrás, te tomaría de nuevo en mis brazos sin dudarlo. Y lo irónico de todo esto, es que como el reo en su última noche de vida, me han concedido un deseo…

No pude seguir leyendo. No al menos cuando estaba de lleno hundida en un pozo tan profundo que por mucho que gritara nadie podía oírme.

-¿Qu... qué? -mi voz apenas era audible. Pero… ¿Qué significaba todo aquello? Con manos temblorosas y lágrimas en los ojos leí lo que quedaba de carta, donde sin dar muchas explicaciones más, me escribía el por qué. Al terminar subrayaba unas pocas palabras que lo significaban todo para mi

“… Ahora es hora de cumplir mi destino y afrontar lo que soy. Te amo, Nora. Por siempre.

¿Acaso Patch se enfrentaba al resultado de su pasado, presente y su futuro? Patch se entregaría a su destino voluntariamente. No. A su castigo. Pero antes había arañado hasta el final sus reglas. Poder sentirse dentro de un cuerpo humano, al menos por unas horas. Con relaciones seguras, sin incertidumbres e intranquilidades. Conocía perfectamente mis miedos. Y si ya había roto varias reglas, no le alarmó absolutamente nada sumar una más a su lista negra con tal de exigir algo para él. Se había arrojado de cabeza porque, pasará o no lo de esa noche, ya estaba en la lista de los "más buscados" y
no precisamente de la policía de Coldwater, Maine.

Débil. Desfallecida. Apesadumbrada. Caí de rodillas al suelo, apretando con fuerza aquel maldito papel de despedida. Envuelta en un llanto desmoralizado que parecía no tener final.

¿Cómo podía haber sido tan idiota para no darme cuenta de que aquella cita había sido una despedida? Ahora entendía el por qué de muchas de sus palabras. Solo hablaba y pedía vivir el presente. Me estaba diciendo adiós.

Corrieron los minutos. Y a pasar que la cabeza me daba vuelta y me escocían los ojos y mejillas, me arme de fuerza y valor para alzarme y no desmoronarme. Llorando como una niña pequeña no iba a conseguir nada. Y las cosas realmente pintaban muy mal.

Haciendo caso omiso al nudo que tenía en el pecho, que me oprimía dejándome casi sin aliento y con una sensación desagradable de anhelo. De vacío. Me vestí lo más rápido que mis entumecidas articulaciones me dejaron.

Afligida, con mi mano derecha en el pomo de la puerta, me detuve justo lo necesario para echar por encima del hombro una mirada a aquel dormitorio. Recogiendo en mi memoria cada detalle. Agudizando mis cinco sentidos, percibí su aroma… Menta. A especies oscuras. Aún podía sentir los restos del perfume natural de Patch. Como aún flotaba su presencia por todas partes. Llenando el lugar. Brindándome un abrazo ficticio. Ficticio, por qué no estaba él allí frente a mí para acurrucarme de nuevo en sus brazos. Mi mirada perdida y borrosa, por las lágrimas que no estaba dispuesta a seguir desramando, se topó de golpe con la inmensa cama.

Mi cuerpo como la mejor de las ofrendas, expuesto de forma desinhibida, cuando mis manos por encima de la cabeza, sujetaban con fuerza el cabecero. Necesitando afianzarse enloquecidamente en algo porque me sentía morir de placer con cada empuje de sus caderas, cadencioso y cada vez más veloz.

Mi respiración y los latidos de mi corazón parecieron detenerse con la aterrorizada idea de que no volviéramos a estar juntos. Suspiré con amargura. Todo había sido tan perfecto hasta ese momento. Todo hasta que después de terminar extenuados, fatigados y débiles tras ese último encuentro apasionado, el último de… Bueno, de muchos durante apenas doce horas. Había despertado sola. Ya no estaba arrullada en el calor del paraíso.

-Patch. Apreté los dientes y limpié con el dorso de mi brazo mis ojos. Acomodé mi mochila sobre el hombro y respiré hondo. Con pasó decidido me abrí paso hasta la entrada de la casa.

-Bien, si piensan que pueden separarnos a Patch y a mí y me quedaré con los brazos cruzados andan listos. No permaneceré sentada sin luchar –hablé sola.

Traspasé el umbral y cerré la puerta principal con rabia, dejando a mi espalda el estruendo del golpe. Como si pensara que tenía en frente a toda una audiencia, y a sabiendas que podía parecer una demente chiflada, grite.

-¡Si es necesario iré hasta el mismísimo infierno para traerlo de vuelta!

El día era oscuro. Gris. Un cielo encapotado que anunciaba tormenta. Un paisaje desolado, como si quisiera hacerme compañía en mi tristeza. Sin mirar atrás, corrí por el paseo de la entrada directa a la carretera. Como un alma sin cuerpo cruza un oscuro túnel hacía la luminiscencia que guía el camino hacía su nuevo hogar eterno.

S.M. Afonso

Que paso luego de la batalla entre los Nefilim y los Ángeles Caídos?

Espera pronto:
Retenida Bajo La Oscuridad
Fanfic escrito por S.M. Afonso

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