1 de diciembre de 2013

Cap. VI "La Primera Vez de Patch y Nora" Fanfic Erotico

 
Patch inició un suave, pausado y ferviente ritmo con mi cuerpo sobre el suyo. Era él quien controlaba cada avance. Con manos seguras en mis caderas hacía que mi cuerpo subiera y bajara sin problemas, como si pesara menos que una pluma.

Mi sexo rodeaba por completo cada centímetro de su larga y gruesa erección. Patch no contestó, ocultando cualquier tipo de expresión. Pero perdí la noción del tiempo cuando o mi cuerpo hormigueo violentamente con la llegada de otro orgasmo. Clavé mis uñas en su espalda mientras respiraba con dificultad.

- Patch, por favor… ¿Qué me estás haciendo? –pronuncié con atropello mientras iban desvaneciendo las sacudidas de mis espasmos.

- Algo que deseamos los dos desde el principio.

Limpió con sus pulgares las lágrimas que resbalaban por mis mejillas, producto de la maratón de ardiente deseo que acababa de hervir mi sangre una vez más y por la expresión de Patch no parecía que sería la última. Y… ¡Oh Dios!, sabía perfectamente que cumpliría su secreta promesa.

- Eres tan pequeña… y estrecha. Tus sedosos músculos internos me rodean con tanta fuerza –murmulló–. Cualquier hombre se correría pocos segundos después de entrar en ti.

Hizo una mueca, por primera vez, de disgusto al pronunciar estas últimas palabras. Era evidente que la sola idea de que pudiera compartir todo aquello con otra persona lo ponía enfermo.

- Pero yo no soy como los demás, ¿verdad? –rió con ironía. Tristeza–. Nadie nunca te hará sentir lo que estamos compartiendo hoy. Quiero que lo recuerdes, ángel. Nadie.

- Nunca habrá nadie más -me incliné hacía él desesperada para sellar con un beso me promesa.

Serio, Patch ahueco mi rostro y me besó tan fieramente que apenas podía respirar. Abandonó mi boca y descendió con su lengua por la barbilla hasta llegar al cuello. Chupó aquella vulnerable zona. Se detuvo lo suficiente para deslizar de nuevo su lengua por el valle que se extendía entre mis pechos.

- ¿Te gusta lo que te hago? –dijo con su aliento pegado a mí piel.

- Si, mucho. Mas… por favor.–supliqué, acariciando su espalda, seguido de sus hombros, agarrando con energía su pelo, recorriendo su nuca… No quería perder el contacto con su cuerpo.

- ¿De verdad? –su risa vibró en mi garganta, donde posaba en aquel momento sus labios de nuevo. No dejó tiempo para mi respuesta. De manera impredecible me liberó de su invasión. Mientras salía del centro de mi feminidad ambos pronunciamos un gemido de dolor al romper la unión. Se levantó lo suficiente tan solo para cambiar de postura. Me acostó sobre el sillón, de espaldas. Se coloco sobre mi cuerpo como pudo. Atrapó mis manos y las alzó por encima de mi cabeza, sujetándolas con determinación con tan solo una de sus poderosas manos.

Me sacudí con alarmante inquietud al verme tan expuesta y atrapada debajo de él. Tragué saliva con fuerza. Mi pecho subía y bajaba apresurado, en el instante que Patch se apretó mucho más a mi calor. Metió con descaro una de sus piernas entre mis muslos, abriéndome para él y haciéndome consciente de su todavía endurecida y larga excitación. Me tensé dolorosamente. Con tirantez. Patch amarró con mayor fuerza mis manos, evitando que pudiera zafarme de su nudo. Ambos jadeábamos atropelladamente. Patch estaba tan excitado, que su fragancia era como un afrodisíaco. Ese dulce olor a menta y jabón.

- Tu cuerpo está muy rígido, Nora –afirmó mientras colocaba en medio de nuestros cuerpos su mano libre y la dejaba resbalar por cada rincón hasta llegar a mi hinchada, empapada y palpitante entrada.

- ¡No, estoy bien! –intenté gritar con convicción–. Quiero seguir, por favor… -pedí mientras levantaba las caderas para frotarme con su sexo.

- Relájate. Si no, será muy doloroso y tendré que parar –soltó una maldición entre dientes–. Y sinceramente… no creo que pueda.

- ¿Qué me sucede? –sollocé.

- Shh… -secó con sus labios el rastro de de las lágrimas desramadas por mi rostro–. Es tu necesidad, Nora. Mi necesidad. Me perteneces. Eres mía… -hubo un silencio–. Al menos ahora, en estos momentos. Solo quiero vivir cada segundo de este presente que estamos viviendo aquí, a tu lado –resopló con pesar–. El futuro… ¿Quién sabe? Solo me importas tú, aquí y ahora.

- No quiero un futuro sin ti… Te amo tanto –ronroneé sobre él, con el rostro enterrado en el hueco de su hombro, aspirando con la nariz su sensual y caliente aroma.

Totalmente aturdida mí cuerpo se aflojó, se relajó. Sin desaprobar sus palabras y como acto reflejo mis músculos obedecieron a sus palabras.

- Yo también te amo, no quiero que olvides eso nunca –besó tiernamente mi frente. Patch con su mano incansable y exploradora, tiró suavemente de los cortos risos de mi pubis. Me quejé, pero no de dolor precisamente, era una sensación agradable, sensual.

Siguió con círculos a través de mi clítoris para terminar separando los labios de mi vagina. Gruñó con indolente satisfacción al comprobar mi humedad y latente necesidad por tenerlo clavado en mi interior.

- Respondes también a mis caricias.

Colocándose bien entre mis muslos y separándolos con impaciencia me penetró de un solo movimiento. Formé un impecable arco con mi espalda, estirando la cabeza hacia atrás todo lo que pude emitiendo un largo gemido. Tiré de mis brazos para agarrarme a algo firme. La cabeza me daba vueltas. Recordé con consternación que los tenía por encima de mi cabeza, aún prisioneros.

Patch acompaño su gemido con una imprecaría. Realmente debía estar haciendo un sobresfuerzo por no tirarme al suelo y hacerme suya como un verdadero endemoniado. Sus rasgos eran tensos, duros. Verdaderamente si mis sospechas tenían algún fundamento por mínimo que fuera, verlo en su autentica naturaleza sexual tendría que ser un increíble espectáculo, sin mencionar las horas de recuperación que vendrían después "¿Un verdadero espectáculo?" Pensé de nuevo. La boca se me secó, pero… si realmente ya lo era.

- No pienses, tan solo déjate llevar –impulsó sus caderas enterrándose todavía más hondo, con apremiante calma. Chillé cuando lo noté tan profundo.

- Encajamos tan bien. Tu húmedo y estrecho interior se abre para mí y me aferra con tanto poder… -su voz sonaba algo quebrada, pero insistía en disimular su tono– .Teniendo en cuenta este punto podrías terminar con la diversión en pocos segundos –rió con dulce burla, al tiempo que entraba y salía de mi cálida cavidad con tormentosa lentitud.

- ¡Patch! –le recriminé, intentando ocultar mi risa entre los jadeos que escapaban de mi garganta mientras Patch seguía moviéndose encima de mí. Siempre era fantástico verlo bromear.

- No bromeo, Nora. Lo digo en serio.

-Vanidoso –le espeté elevando mis caderas para notarlo hasta el final.

- Puede ser… pero te gusta. Dime si estoy equivocado –me desafió lamiendo con su lengua mis labios para seguido abrirse camino entre ellos y saborearme.

- Mmmm… ¿Qué? –había olvidado la… ¿Pregunta?

Volviendo a la realidad sacudí la cabeza, no quería pensar en los siglos que había tenido para practicar y perfeccionar dicho asunto y por lo visto se había empleado a fondo. Pero era su pasado. Los celos no serían lógicos, a fin de cuentas había dos cosas muy claras en el mundo. Puntos de vista bastante machistas, sí, pero lastimosamente era algo que estaba implantado en la sociedad. "Un hombre sueña con ser el primer amante de una mujer, y la mujer desea ser la última de sus amantes". No podía negar que me gustaba la idea de haberle entregado a Patch mi virginidad. Lo quería como el primero, el único y el último de mis amantes. A nadie más. Solo él. Su mirada era contenida y quería ayudarlo.

No podía tolerar que no disfrutara por completo y era algo obvio observando la rigidez y el temblor de su cuerpo o por su mandíbula apretada.

- Suéltame, Patch. Quiero tocarte, quiero…- Se detuvo de inmediato. Tensó y, clavó su mirada llena de fuego en mis ojos.

- No he sido lo que se dice delicado desde el principio. Debes estar algo dolorida y si a eso le sumamos que es tu primera experiencia… -exhaló apesadumbrado–. Perdería el control del todo con tal solo sentir el roce de tus caricias.

- No lo hagas, me refiero a que no pongas barreras ni autocontrol –le pedí con innegable persuasión.

-No es seguro –cerró los ojos e inhaló–. Me has aceptado esta noche tal y como te he pedido. Exigiéndote te he tomado como un bárbaro. Y… -acercó su aliento a mi cabelló y aspiró su olor–. Nunca había estado tan a gusto con una mujer en mis brazos y eso me provoca un deseo salvaje, casi animal. No sabes todo lo que se me pasa por la cabeza que me gustaría hacerte –levantó la cabeza con una seria burla–. En algunos países sería incluso hasta ilegal, Nora. Debería sentir miedo por aquellas palabras, pero solo pensaba en darle a Patch todo lo que quisiera de mí. Y si tenía que ser implacable en la intimidad, pues adelante. Suspiré.

- No me voy a romper no… Gruño exasperado.

-No sigas por ahí, Nora. No cuando estoy al límite. Soltó mis muñecas de su prisión y salió de mi interior, dejándome vacía y llena de anhelo. Intentó incorporarse y apartarse de mi lado.

- ¡No te contengas! –grité-. Se que no me harás daño.

- Soy un desgraciado... Ahora daría cualquier cosa por volver hacer el amor contigo. Es una agonía.

Estaba rígido por la tensión que le producía el control que estaba ejerciendo sobre su pasión desencadenada.

-Pues hazlo –lo animé. Con un gruñido profundo se abalanzó sobre mí y cogió mis nalgas desnudas con fuerza. Mi cuerpo vibró. Respiré con dificultad.

Volví a sentir aquel húmedo cúmulo de sensaciones salvajes que él me desencadenaba. Me sentía deseada, lo podía ver en sus ojos que no se apartaban de los míos.

- No sabes lo que estás haciendo... –murmuró.

- Pero sé lo que quiero… y es a ti, Patch –arqueé levemente mi cuerpo. Provocándolo a que me tomara. Separó un poco más mis muslos y colocó su verga a la entrada de mi sexo. Con un sonido gutural se hundió dentro de mí humedad con su firme y dura virilidad. De una sola y potente embestida, haciéndome gritar. Me debatía entre el placer y el dolor.

- Es demasiado tarde para arrepentimientos –aseguró.

Sacó con deliberada lentitud su miembro hasta asomar el glande, y volvió a penetrar con mayor fuerza. Sentí el calor del cuerpo vigoroso y masculino de Patch tomándome por completo.

- No me arrepiento de nada. El instinto hizo que me ofreciera, levantando mis caderas.

- Por favor, no pares… -supliqué. Rodeé sus caderas con mis piernas.

- No podría –rió y llevó sus labios a los míos un instante.

Agarrando el peso con sus brazos, Patch se inclinó y se enterró hasta el fondo. Sus embestidas aumentaron en potencia y velocidad, casi de manera enloquecida, salvaje. Metiendo y sacando su verga hasta lo más profundo con enérgica fuerza. El sofá vibraba bajo nosotros a causa de sus embates castigadores. Me aferré a su espalda, clavando mis uñas en él. Jadeaba descontrolada, con mi aliento en su cuello.

Patch gimió. - Me gusta sentirse así.

Sus movimientos aún más rápidos y frenéticos iban acompañados de gemidos que actuaban como estimulantes eróticos en mí deseo. Mis respuestas y las suyas eran cada vez mas enfebrecidas y acaloradas. Patch se movía dentro de mí, creándome una necesidad insaciable que ardía en mí interior.

- Mmm creo que en estos momentos no te llamaría ángel –su voz excitada sonaba graciosa.-

 - ¿A, no? Pues tú eres todo un demonio. –contraataque con humor, desplazando mis manos por sus costados hasta llegar a su buen formado trasero y apretarlo con ganas.

Soltó una carcajada. - No soy un santo y la prueba está en que estoy pervirtiendo a un ángel –se recreó con mis caricias atrevidas.

Descendió una mano hasta mi clítoris y lo masajeó, mientras continuaba con sus sacudidas y aumentaba el ritmo acelerado de sus caderas, dibujando con precisión las caricias de su mano en mi sexo. Saboreando el momento, me condujo inexorablemente hacia el clímax final. Mientras los temblores y espasmos del orgasmo duraban mordí su hombro. Patch metió su falo unos segundos más con penetraciones aún más rápidas y me siguió con su liberación, inclinando la cabeza hacia atrás con un ronco grito. Besó mi frente al tiempo que salía de mi interior.

- ¿te he hecho daño? Recreé cada empuje de sus caderas, cadencioso y cada vez más veloz.

- Sentí morir de placer, ¿eso cuenta?. –reí ruborizada.

Con aire de autocomplacencia sonrió. - Supongo que sí –suspiró.

Cerré los ojos y lo abracé, desesperada por el contacto con él y sentir su cuerpo desnudo sobre el mío. Pasados unos minutos Patch se incorporó y me tomó en brazos y se encaminó hacia una puerta que estaba situada al otro extremo de la habitación.

- ¿A dónde vam…? –mi pregunta quedó incompleta tras atravesar la puerta.

Mis ojos contemplaron un descomunal dormitorio. Elegante. Equilibrado. Un estilo sencillo, sobrio, no tenía detalles recargados aunque ni de lejos se acerca al minimalismo. Nada de colores estridentes, como el resto de la casa -lo poco que había visto hasta ahora-, su gama pasaba de tonos claros a negros.

Tragué saliva de manera audible cuando mi mirada se detuvo en la enorme cama que ocupaba la parte central de la habitación.

- ¿Una cama? –enarqué una ceja incrédula. Patch me recostó con mucho cuidado sobre la cama.

- Sí. –respondió con sorna. Adelantándose a mis pensamientos continuó. - Ha sido mucho más divertido hacerte el amor encima de la mesa y sobre el sofá –su sonrisa era extrañamente divertida–. De todas formas ángel, nos queda comprobar lo confortable que puede ser esta cama, ¿qué opinas?

S.M. Afonso

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